Rosa Amorim, de 29 años, se convirtió en la primera mujer del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) en ser electa diputada nacional en Brasil. Negra, lesbiana y oriunda de Pernambuco, en el nordeste del país, Amorim integra el Partido de los Trabajadores (PT) y llega al Congreso con las banderas de la reforma agraria y la soberanía alimentaria. Su elección, junto con la de otros tres integrantes del MST, marca un hito en la historia política del movimiento campesino y plantea un desafío directo al poder del agronegocio en el Legislativo.
De las cocinas solidarias al Congreso Nacional
Durante la pandemia, mientras Jair Bolsonaro gobernaba Brasil, Amorim fue una de las impulsoras de la red de cocinas solidarias que enfrentaron el hambre en los barrios populares de las ciudades. Esas cocinas, que ella define como “una tecnología social para organizar al pueblo”, se convirtieron en política pública en 2023, durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Su objetivo es vincular el campo con la ciudad, llevando alimentos sanos a espacios comunitarios donde se brinda un plato de comida pero también escucha, alfabetización, contención y cuidados.
Hija de la lucha por la reforma agraria, Amorim creció en las filas del MST y también fue dirigente estudiantil. En 2022, tras el retroceso en derechos que significó el gobierno de Bolsonaro, el movimiento campesino presentó sus propios candidatos. Ese año, ella fue electa diputada del estado de Pernambuco. El pasado 5 de octubre fue electa diputada nacional, una de las 38 legisladoras LGBTQ+ que obtuvieron un escaño y una de los cuatro integrantes del MST que estarán en el Congreso brasileño.
Una victoria popular con un Congreso adverso
La reelección de Lula da Silva significa una victoria popular y una esperanza, pero la conformación de un Congreso con mayoría de la extrema derecha plantea sus propios desafíos. En ese escenario, Amorim sostiene que la “lucha parlamentaria” será vital. “Queremos que Brasil deje de ser uno de los países que más venenos y agrotóxicos consume”, afirma.
El agronegocio presiona, de la mano de la bancada ruralista, para obtener beneficios y seguir extendiendo la frontera agropecuaria, causando deforestación y contaminación. En contraste, el MST lleva cuatro décadas de lucha por la tierra para la producción de alimentos sanos. “Alimentamos al pueblo porque con comida en la panza podemos tener mentes pensantes y con mentes pensantes podemos organizarnos”, sostuvo Amorim en entrevista con Tierra Viva, haciendo honor a la histórica banda nordestina Nação Zumbi liderada por Chico Science.
Los desafíos de la soberanía alimentaria
Para la diputada, hablar del hambre no es solamente hablar de si el pueblo come por la mañana, por la tarde y por la noche. “Es más profundo. Combatir el hambre también significa hablar de la calidad de lo que se come. Y para eso vamos a tener que librar una lucha muy grande”, explica. Esa lucha incluye enfrentar al agronegocio y al modelo de producción vigente que hace que las personas se enfermen por lo que consumen todos los días.
Amorim llega al Congreso Nacional para conformar y construir la bancada de la tierra, de la agricultura familiar y de la agricultura campesina. Quiere debatir cómo combatir el hambre y qué se consume en Brasil, y promover un nuevo modelo de producción que incluya la agroecología, una alimentación sin venenos y la defensa de la agricultura familiar. “Así podremos tener un proyecto de vida y no de muerte en nuestro país”, sostiene.
El paso del movimiento social a la política institucional
En 2022, el MST decidió entrar en la política institucional y electoral con candidaturas propias. Según su experiencia, el paso del movimiento social a espacios institucionales supone desafíos, pero también una oportunidad de renovación. “Brasil vive hoy un momento muy interesante desde el punto de vista de la izquierda y de la necesidad de renovar la política. La renovación política no tiene que ver solamente con la edad, sino también con quiénes son las personas en las que hoy la sociedad deposita su confianza”, señala.
Para Amorim, durante mucho tiempo hubo cuadros burocráticos elegidos por la fuerza de una estructura y no tanto por una fuerza ideológica. “Yo soy del PT, que tenía el bloque legislativo más envejecido y más burocratizado. Si tenemos que enfrentar a una extrema derecha que renovó sus cuadros y quiere presentarse como una novedad en el país, nosotros también necesitamos renovar los nuestros y elevar la calidad del debate para salir a enfrentarla”, afirma.
Ser la primera mujer del MST en el Congreso
Para Amorim, llegar al Congreso Nacional es importante porque no se representa solamente a sí misma, sino que representa una renovación joven, pero que no parte del proyecto de un individuo, sino de un proyecto colectivo. “Mi llegada al Congreso Nacional nos da la posibilidad de hablar sobre el futuro del país que queremos construir: un futuro joven, de mujeres, de personas LGBT, de personas negras. Pero, sobre todo, un futuro respaldado por una lucha política colectiva, que tiene como banderas la reforma agraria y el Movimiento Sin Tierra”, dice.
Por eso, asegura que van a radicalizar su actuación en el Congreso Nacional. “Cargamos con ese desafío colectivo de enfrentar a una mayoría parlamentaria de extrema derecha. Una mayoría que impulsa proyectos individuales, respaldados por el propio sistema. Nosotros llegamos con una lucha combativa, antisistémica. Sobre todo, con la lucha por construir un proyecto popular de nación”, agrega.
Una reforma agraria integral, popular y feminista
Llevar adelante una reforma agraria en Brasil depende de una decisión política y de la fuerza que tengan los movimientos y las organizaciones para ponerla en el centro de la lucha social y popular. Pero no depende solamente del tamaño de la movilización. “La posibilidad de que avance la reforma agraria implica una conjunción de factores. Por un lado, está la lucha social, que es la que lleva adelante el MST: organizar al pueblo, identificar los latifundios improductivos, ampliar las ocupaciones, la presión para conquistar la tierra y la presión al Estado para que haga la reforma agraria. Pero ese avance se produce a partir de la combinación de la lucha social con la lucha institucional. Sin un presidente que consiga destrabar la reforma agraria y colocarla como prioridad, no podemos avanzar”, explica.
En cuanto a la lucha institucional durante el gobierno de Lula, Amorim reconoce que el presidente, aunque avance muy lentamente en materia de reforma agraria, todavía la incluye en su proyecto político. Pero hay otra dimensión que considera crucial: la lucha ideológica. “Tenemos que lograr que la sociedad comprenda por qué es importante que haya reforma agraria en Brasil. Hoy, gran parte de la sociedad ve a los movimientos del campo como criminales, como invasores de tierras. Tenemos que romper esa hegemonía de pensamiento y librar una disputa en la sociedad sobre la urgencia y la necesidad de la reforma agraria. Nosotros lo hacemos, pero la extrema derecha domina los medios de comunicación. Solo vamos a conseguir que avance la reforma agraria si combinamos la lucha social, la lucha ideológica y la lucha institucional, que es la lucha política en el país. Y cuando hablamos de lucha institucional, no hablamos solamente del Poder Ejecutivo, sino también del Poder Legislativo. El Congreso Nacional, que define el presupuesto y las leyes, está integrado en más de un 80 por ciento por representantes directos del agronegocio. Si no damos vuelta esta situación, no tendremos perspectivas de avanzar en la lucha por la reforma agraria a mediano y largo plazo”, advierte.
Un mensaje para América Latina
Amorim tiene claro el mensaje que Brasil le deja al mundo y a América Latina: el fortalecimiento de la lucha. “Vamos a aumentar la movilización y la lucha. El campo, que estuvo muy relegado en los procesos de lucha, vuelve a colocarse en el centro de todo. Porque nuestra lucha es contra el imperialismo, contra el capitalismo y contra el agronegocio. Es una lucha por un nuevo modo de vivir, por vivir bien, por vivir con dignidad”, afirma.
La diputada considera que los movimientos del campo y los movimientos sociales que luchan todos los días para producir alimentos y preservar la tierra, el agua, los minerales, los suelos y las comunidades tradicionales, indígenas y quilombolas son hoy los guardianes de la lucha por la vida. “Vamos a enfrentar una de las mayores crisis de la humanidad: la crisis ambiental y de la vida. Hablar del medioambiente es hablar de la vida. Ese es el mensaje. No vamos a desanimarnos ni a tener miedo. Vamos a darnos ánimo”, sostiene.
Renovación y polarización
Respecto al escenario de polarización que se reflejó en el Congreso, con una gran bancada de extrema derecha representada por el Partido Liberal, pero al mismo tiempo con la elección de Amorim y otros liderazgos jóvenes de diversas procedencias organizativas, la diputada analiza: “La respuesta de las urnas en las elecciones legislativas es que hoy la izquierda brasileña necesita renovarse, y la respuesta fue la renovación. Estamos llegando a un Congreso Nacional más renovado y más joven. La izquierda eligió la bancada más joven de toda su historia, lo que demuestra que esta elección tiene que ver con la construcción del país que queremos”.
Amorim se muestra entusiasmada pero también preocupada, porque van a enfrentar a una mayoría parlamentaria más inclinada a la extrema derecha, más conservadora, más racista, más elitista. “Pero tenemos una respuesta para eso: una bancada más preparada, más renovada, más decidida y respaldada por luchas colectivas. Las cosas tampoco van a ser fáciles para la extrema derecha, porque está llegando al Congreso Nacional una juventud con mucha energía y muchas ganas de confrontar y luchar. La extrema derecha sigue siendo fuerte y necesita ser derrotada. Y solo será derrotada mediante la lucha y la movilización popular, dentro y fuera del Parlamento”, afirma.
El vínculo entre el MST y el gobierno de Lula
Sobre el vínculo entre el MST y el último gobierno de Lula da Silva, Amorim considera que el gobierno es importante y necesario para poder luchar, ser escuchados y conseguir victorias. “Necesitamos defenderlo cuando la lucha es contra la extrema derecha, contra Estados Unidos y en defensa de la democracia, pero nuestra autonomía nos permite criticarlo, golpear su puerta y organizar movilizaciones. Queremos a este gobierno, pero no para respaldarlo sin cuestionamientos. Al contrario, queremos poder presionarlo cuando sea necesario y que la presión del MST pueda desembocar en una mesa de negociación para avanzar en la lucha que venimos construyendo. Sin democracia y sin un gobierno democrático, los movimientos sociales quedan silenciados. Durante este último gobierno de Lula, luchamos mucho y, aunque fue muy importante porque tuvimos nuevos asentamientos, se liberaron créditos para la agricultura y regresaron ministerios muy importantes, conseguimos pocos avances en relación con lo que la reforma agraria necesita en el país. Todo eso sigue estando muy por debajo de lo que necesitamos para mejorar la vida de quienes viven en el campo y avanzar en la reforma agraria. Nuestra lucha no se detiene cuando elegimos a un gobierno, sino que continúa”, explica.
Organización popular y solidaridad
Para Amorim, solidaridad es organización popular. El MST, tanto en Pernambuco como en todo Brasil, está saliendo del campo para ocupar también la ciudad, con cocinas solidarias, organización de base y trabajo de hormiga. “Hay que ser creativos en las formas de organizar al pueblo. Si no organizamos a nuestro pueblo (lo que en la segunda vuelta llamamos ‘nuestro ejército’), no solamente en las redes sino en la vida real, no vamos a cambiar las cosas. La extrema derecha y el fascismo tienen sus propias formas de organización. En muchos lugares lo hacen a través de las iglesias evangélicas y, en otros, mediante el narcotráfico organizado. Nosotros también necesitamos construir nuestro ejército, nuestra movilización popular en el territorio”, sostiene.
Amorim insiste en que es en las periferias y en los lugares más alejados donde hay que organizar las tropas. “Fui la candidata más votada de mi partido y esos votos no surgieron de la nada, sino de la organización popular en las periferias y en el campo. No podemos abandonar la perspectiva de la organización política. Soy una joven que podría estar deslumbrada solamente por la lucha en las redes sociales, pero no. Sé lo importante que es organizar realmente a las personas allí donde viven, donde habitan, estudian y trabajan. Tenemos que poner eso en el centro de nuestra actuación y transformar nuestra práctica política en un movimiento colectivo de organización política del pueblo en todos los lugares”, concluye.
El MST, más vivo que nunca
Al llegar a sus más de 40 años, el MST se consolida como uno de los mayores movimientos de América Latina, con expresión en todo el mundo en defensa de la lucha por la reforma agraria y por la tierra. Pero esa lucha ha ido mucho más allá de la propia reforma agraria. “Hablar de la lucha por la reforma agraria en Brasil, hablar del Movimiento Sin Tierra, es hablar de un nuevo proyecto crítico para Brasil, de un proyecto de dignidad de vida para su pueblo. Hablar de reforma agraria es hablar de producción de alimentos saludables, de aquello que nos garantiza la vida. A lo largo de estos 40 años, el MST se adapta, se actualiza, se renueva y sigue siendo más necesario que nunca para impulsar un proyecto de transformación popular para su pueblo. En Brasil no se puede combatir las desigualdades sociales ni construir un país más justo y soberano sin poner la agenda de la reforma agraria en el centro. El MST ha atravesado muchos momentos políticos del país y hoy está más vivo que nunca”, finaliza.

