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viernes, 23 de octubre de 2026
historia

El uranio nazi revela qué tan cerca estuvieron de la bomba atómica

Un estudio con 'arqueología nuclear' revela que el reactor nazi B8 estaba lejos de funcionar: faltaba uranio y agua pesada. ¿Qué tan cerca estuvo Hitler de la bomba?

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Un nuevo análisis de los materiales radiactivos que usó la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial echó por tierra una vieja afirmación: el reactor que supuestamente iba a poner a Hitler a un paso de la bomba atómica nunca estuvo cerca de funcionar. La investigación, publicada el 29 de septiembre en la revista PNAS Nexus, combinó documentos históricos y análisis forenses de dos cubos de uranio sobrevivientes para concluir que el reactor B8 carecía de más de la mitad del agua pesada y de aproximadamente la mitad del uranio necesarios para sostener una reacción en cadena.

La versión de Heisenberg y el mito del reactor casi listo

En 1947, el físico alemán Werner Heisenberg escribió que el reactor del proyecto nuclear nazi —conocido como B8— estaba casi terminado al final de la guerra. Según él, solo le faltaba una “cantidad relativamente pequeña de uranio” para lograr una reacción de fisión autosostenida. Si hubiera funcionado, el B8 habría confirmado que la fisión en cadena era posible, un paso clave hacia la bomba atómica, y podría haber impulsado el desarrollo de reactores especializados para producir plutonio de grado armamentístico.

Sin embargo, la bomba atómica fue desarrollada primero por Estados Unidos y se usó para forzar la rendición de Japón en agosto de 1945. Alemania ya se había rendido en mayo de ese año. La nueva investigación refuta la afirmación de Heisenberg: el reactor alemán estaba lejos de alcanzar una reacción estable.

Arqueología nuclear: la ciencia que reconstruye el pasado atómico

El equipo, liderado por Patrick Park, entonces estudiante de doctorado en la Universidad de Columbia y ahora en Princeton, rastreó registros de archivo de cientos de cubos de uranio utilizados por científicos alemanes. El reactor B8 consistía en cinco círculos concéntricos de cubos de uranio suspendidos en cadenas dentro de un tanque de agua pesada. Los alemanes planeaban insertar una fuente de neutrones de radio-berilio en el núcleo para iniciar la reacción en cadena.

El agua pesada contiene deuterio, un isótopo del hidrógeno con un neutrón extra, y se usa para moderar o frenar los neutrones rápidos producidos en la fisión, de modo que puedan desencadenar más fisiones en átomos cercanos. Los alemanes también usaron pequeñas cantidades de grafito, pero solo como recubrimiento para reflejar neutrones hacia el interior de la cámara.

Al combinar los registros de los cubos, el agua pesada y el grafito con mediciones de los dos cubos sobrevivientes, los autores crearon un modelo matemático del reactor que coincidía estrechamente con las mediciones históricas. Así establecieron que el reactor de agua pesada estaba muy lejos de lograr una reacción estable.

Los números que condenaron al reactor nazi

El estudio determinó que el reactor B8 contenía solo unos 1,400 litros de agua pesada, cuando necesitaba más de 3,000 litros. El agua pesada representa una fracción mínima del agua común, y extraerla por electrólisis en la fábrica noruega —ocupada por Alemania desde abril de 1940 hasta mayo de 1945— requería un esfuerzo extraordinario. La planta producía todo lo que podía, pero el reactor habría necesitado más del doble de lo que se produjo durante toda la guerra.

En cuanto al uranio, el B8 contenía 664 cubos de unos 2.32 kilogramos cada uno, para un total de 1,540 kilogramos. Otros grupos experimentales tenían cubos similares, sumando un inventario total de aproximadamente 1,100 cubos en la Alemania de guerra. Pero los investigadores calcularon que el reactor habría necesitado al menos 1,200 cubos para funcionar. Es decir, le faltaba cerca de la mitad del uranio.

¿Y el grafito? La alternativa que nunca fue viable

Los autores también examinaron la sugerencia de que los alemanes deberían haber construido un reactor de grafito, como el desarrollado en la Universidad de Chicago para el proyecto estadounidense. Sin embargo, concluyeron que un reactor moderado por grafito era inviable en la Alemania de guerra porque el carbón local disponible para producir grafito contenía altos niveles de boro, un elemento que absorbe neutrones y lo hacía inútil.

Por eso los alemanes optaron por el agua pesada, pero nunca tuvieron suficiente. “Concluimos que Alemania no podría haber construido reactores de agua pesada ni de grafito durante la Segunda Guerra Mundial”, escribieron los investigadores.

La opinión de los expertos: un análisis de ingeniería contrafactual

Mark Walker, historiador de Union College en Schenectady, Nueva York, y autor de Hitler’s Atomic Bomb: History, Legend, and the Twin Legacies of Auschwitz and Hiroshima (Cambridge University Press, 2024), no participó en el estudio pero coincidió con sus conclusiones. “Este artículo argumenta que si los alemanes hubieran hecho algo que no hicieron, entonces habría fallado”, dijo a Live Science. “Aunque es historia contrafactual, es un análisis de ingeniería interesante”.

Walker también señaló que los hallazgos explican la decisión alemana de desarrollar un reactor de agua pesada, ya que el de grafito no era factible y en ese momento no sabían cuánta agua pesada se necesitaría.

El error de Heisenberg: comprensible pero decisivo

Park reconoció que el error de Heisenberg era comprensible: sus cálculos eran solo aproximados y el proyecto se trasladó a una bodega en la localidad de Haigerloch, Alemania, después de que Berlín fuera bombardeada. “La gente moría o pasaba hambre, así que estos cálculos del reactor no eran su prioridad”, dijo Park a Live Science en un correo electrónico. “Dadas las circunstancias, creo que hizo lo mejor que pudo”.

Sin embargo, la diferencia de un factor de dos en las estimaciones fue crucial. El estudio demuestra que, contrario a lo que Heisenberg afirmó, el reactor de agua pesada no estaba ni cerca de estar listo, y un reactor de grafito funcional era imposible.

Lo que este hallazgo nos enseña sobre la historia nuclear

Más allá de corregir el registro histórico, la investigación destaca el poder de la “arqueología nuclear”: el uso de técnicas forenses en materiales radiactivos para reconstruir experimentos del pasado. Los dos cubos sobrevivientes, que hoy forman parte de colecciones museísticas, permitieron validar el modelo y desmentir un mito que persistió durante décadas.

El estudio también subraya las limitaciones materiales que enfrentó el proyecto nuclear nazi: la escasez de agua pesada, la imposibilidad de usar grafito y la falta de uranio suficiente. Factores que, sumados a la presión de la guerra, condenaron el sueño atómico de Hitler.

La investigación fue publicada el 29 de septiembre de 2026 en PNAS Nexus (volumen 5, número 9) con la referencia: Park, P. J., Robertson, B., Hiebert, M. E., Zhao, J., Sivels, C. B., & Koeth, T. W. (2026). Nuclear archaeology reassesses Heisenberg’s last reactor experiment. DOI: 10.1093/pnasnexus/pgag282.

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