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viernes, 30 de octubre de 2026
historia

Lula hace historia: remontada épica y cuarto mandato

Lula gana el balotaje con 51.79% y logra una remontada histórica en Brasil. Un triunfo que desafía encuestas y fortalece la soberanía regional.

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Luiz Inácio “Lula” da Silva fue reelecto presidente de Brasil con el 51.79% de los votos, tras una remontada histórica en el balotaje que venció al candidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, quien obtuvo el 48.21%. A sus 80 años, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) iniciará su cuarto mandato y se convierte en el primer presidente brasileño en ganar una elección después de perder en primera vuelta. El resultado, contra todos los pronósticos de las encuestadoras, marca un hito para la democracia y la soberanía en América Latina, en un contexto de injerencia extranjera y presión de las grandes tecnológicas.

Una remontada que desafió los pronósticos

La victoria de Lula no solo sorprendió a analistas y encuestadoras, sino que dejó una marca histórica: nunca antes un presidente brasileño había revertido un resultado adverso en primera vuelta. La campaña recuperó 10 millones de votos y se impuso por más de cuatro millones de diferencia. “Tenemos que entender que el pueblo todavía sabe movilizarse y salvarse a sí mismo”, sintetizó Sabrina Fernandes, economista política y socióloga brasileña, una de las impulsoras de la estrategia “Vira voto”.

Esa estrategia, junto con la masividad en las calles y las redes, el protagonismo de las juventudes y la escucha activa, fue clave para activar la empatía social y sortear las injerencias de Estados Unidos y las grandes tecnológicas. “Los oficialismos no reeligen en América Latina”, “es imposible remontar después de perder en primera vuelta”, “mostrar multitudes no se traduce en votos” fueron algunas de las fórmulas repetidas que la realidad desmintió.

La juventud y las redes: motor de la remontada

Tras la primera vuelta, las juventudes estuvieron al frente de la batalla en ambos planos. En Brasil, los jóvenes de entre 16 y 29 años representan el 21.55% del electorado. Esa apertura generó un diálogo “intergeneracional” e interconectado, apuntó Bia Besen, coordinadora del proyecto Monitor Joven del Instituto Democracia em Xeque. Ese movimiento fue clave para ocupar diferentes campos y, con mensajes claros, romper las burbujas de los algoritmos: elegir a Lula, generar una respuesta ante la amenaza de la extrema derecha y resguardar la democracia.

Las formas fueron varias y complementaron una campaña “tradicional” con experiencias de nativos digitales y del cuerpo a cuerpo, plantearon Fernandes y Besen. Así se generó un “efecto multiplicador” en las redes, se propuso una “escucha activa con conversaciones profundas” con el electorado más apático, que votó nulo, se abstuvo o incluso votó al contrario en la metodología de “Vira voto”. Se sumó el protagonismo de diputados federales electos ultrapopulares como Guilherme Cortez (PSOL de San Pablo, 28 años) y Ana Elisa (PT de Minas Gerais, 21), además del ya reconocido como “comandante” André Janones (Rede, Minas Gerais, 42), a cargo del grupo de WhatsApp “El ejército de Lula”, donde más de diez millones de personas recibían información de campaña con misiones para implementar en redes sociales.

“Fue histórica la participación juvenil y adolescente”, afirmó Besen, quien señaló que la articulación de Cortez y Ana Elisa con los movimientos estudiantiles y universitarios fue clave para defender las políticas públicas para enfrentar la deserción escolar o de incentivo a microemprendedores ya implementados por el Gobierno. Según el seguimiento del Monitor Joven, ambos diputados electos, en la segunda vuelta, pasaron a imponerse en las redes sociales con 19 y 11 millones de interacciones, respectivamente, por sobre los perfiles de jóvenes de la extrema derecha que hasta ese momento habían liderado las conversaciones. Con ellos, entre otros, Lula apareció haciendo videos selfies e implementó un lenguaje “más directo y asertivo, ataques a los adversarios y colaboraciones constantes entre los perfiles”, y pasó de 1.7 a 7.9 millones de interacciones solo en Instagram.

“La campaña parece haber despertado en muchos jóvenes un sentimiento de que estaban participando de una lucha contra un proyecto peligroso. Involucrarse en esa disputa fue un acto de rebeldía y una forma de reconocerse como parte de la construcción de una resistencia democrática”, destacó la analista, reapropiándose así de la rebeldía que la extrema derecha quiso asumir como propia. A entender de Fernandes, la suma de todas esas fuerzas “hizo que más personas se sintieran empoderadas, como sujetos políticos capaces de cambiar la historia de Brasil en ese momento”.

El papel de las grandes tecnológicas y la soberanía

La campaña se llevó adelante en medio de sabotajes de las grandes tecnológicas, que favorecieron a perfiles de la extrema derecha por sobre los de izquierda, al igual que hicieron en diferentes procesos electorales a lo largo de América Latina. “Uno de los principales temas de debate fue la injerencia de las grandes empresas tecnológicas extranjeras en el proceso electoral, y este debate es esencial para que podamos contar con procesos electorales democráticos en nuestros países. Quedó demostrada la enorme importancia de regular a empresas como Meta y el riesgo que representan para la democracia. Esa fue una de las cuestiones que Lula planteó en su discurso inmediatamente después de la victoria, al hablar de la importancia de regular a las grandes empresas tecnológicas y de no ser rehenes de ese tipo de injerencia. Creo que este debate también debería ocupar un lugar fundamental en las luchas populares de nuestros países”, afirmó a LATFEM Samiyah Becker, doctoranda en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de San Pablo.

Ahora bien, de acá en adelante, para Besen seguir hackeando los algoritmos a pesar de las grandes tecnológicas dependerá también de “sostener” el vínculo que se creó con las juventudes y el diálogo intergeneracional: “Responder a las dificultades que las juventudes tienen para trabajar, estudiar y construir sus vidas dando condiciones para que puedan proyectar un futuro mejor”, apuntó.

Agenda social y reformas en el nuevo mandato

Las articulaciones en el Congreso también fueron fundamentales de cara a la segunda vuelta, así como lo serán en el próximo mandato del ex líder metalúrgico. En el interín y en medio de la remontada, Lula se articuló con parte del centrão y, junto con la presión en las calles y en las redes, se conquistó la reforma del “fin de la escala 6×1”, que redujo la jornada laboral a cinco días y dos de descanso (5×2) y de 44 a 40 horas por semana sin reducción salarial, a ser implementada dentro de dos meses. Luego de ese hito, que impactará en la vida de unas 40 millones de personas, Lula sumó el proyecto de ley que va por la gratuidad del servicio de transporte público los fines de semana. Antes de la primera vuelta, también había anunciado otra medida de gran impacto: la prohibición del sistema de apuestas online conocidas como “bets”, una de las principales fuentes de endeudamiento en los hogares brasileños.

Si miramos hacia los próximos cuatro años, el escenario cambió bastante en las últimas horas antes del cierre de esta nota. Hasta antes de que se supiera el resultado arrasador de la segunda vuelta y de que Flávio Bolsonaro saliera del país, el hecho de que el Partido Liberal (PL) —al que están afiliados los Bolsonaro— haya ganado mayorías en la Cámara de Diputados y de Senadores planteaba un escenario sumamente adverso para el oficialismo lulista, con posibilidad incluso de proponer impeachment para magistrados en la Corte Suprema o imponer a los presidentes del Congreso. Sin embargo, en el nuevo escenario, el PT actuó con rapidez y comenzó negociaciones con el centrão, el grupo de partidos sin ideología propia pero clave para los Ejecutivos, con quienes podría disputar la mayoría a los liberales. Aunque eso no necesariamente garantice estabilidad en el vínculo entre ambos poderes, es un paso hacia adelante que, por ahora, parece darle a Lula margen de maniobra.

En tanto, para la oposición del Partido Liberal y otros aliados del bolsonarismo, de alguna manera, la salida del senador abrió la puerta a la disputa por el liderazgo opositor dentro del país. “Cada elección que pasa el Congreso se vuelve cada vez peor. Es importante que el gobierno de Lula entienda que eso no significa flexibilizar su relación con la derecha apenas para garantizar gobernabilidad. Espero que en esta remontada histórica haya convencido al presidente de que él cuenta con el pueblo y que lo puede llamar para movilizarse para conquistar lo que necesitemos en el Congreso, ya no estamos en 2016”, advirtió Fernandes sobre lo que debería tomarse en cuenta desde el próximo Ejecutivo para los próximos cuatro años. En la misma línea, dejó apuntes para la población: “Cuando el presidente se demore en llamar a las personas a salir a la calle, que sepamos que podemos ir igual, sin miedo a la movilización popular, con estrategias para eliminar infiltrados y distracciones”.

Contexto regional: un revés para la ultraderecha

Estas elecciones tuvieron lugar en medio de un desorden mundial y de una injerencia sin disimulo de Estados Unidos sobre América Latina, mediante el despliegue de la Doctrina Monroe en su corolario Trump. Con esta estrategia, Washington pretende arrogarse la propiedad del hemisferio occidental y subordinar los países de la región a su dominio. Sin embargo, los mecanismos de desestabilización económica y deslegitimación de los procesos electorales, por poner algunos ejemplos, no fueron tan sencillos de aplicar en Brasil. Samiyah Becker afirmó que “tras una sucesión de elecciones en la región, cada una traía un nuevo aliado de Trump y del Escudo de las Américas. Parecían contiendas imposibles contra el imperio, que había desplegado todas sus armas, en un escenario mundial donde la ultraderecha ocupa cada vez más terreno. La victoria de Lula, en uno de los países geopolíticamente más importantes de Latinoamérica, rompió esta secuencia aparentemente implacable y demostró que es posible, mediante la movilización popular y la defensa de un programa de soberanía nacional y justicia social, ganar apoyo popular. Con Lula como presidente, la influencia de Trump en Latinoamérica sufre un revés, y Brasil, debido a su peso político y económico, se convertirá en un importante contrapeso en la geopolítica de la región. Sin embargo, esto no significa que la ultraderecha haya sido completamente derrotada; al contrario”.

Habrá que ver cómo se traduce el apoyo de Trump a Flávio Bolsonaro en Estados Unidos y qué incidencia podría tener. En términos regionales, el triunfo de Lula en Brasil trae aliento al progresismo latinoamericano aunque hacia afuera deberá convivir en una región mayoritariamente alineada con la extrema derecha estadounidense, “incluyendo la presencia de tropas estadounidenses en países fronterizos”, tal como señala la investigadora. Agrega que “Trump cuenta con muchos instrumentos para ejercer presión: sanciones económicas, persecución a autoridades políticas y aranceles hasta amenazas de intervención militar. Pero también vemos que muchos gobernantes de extrema derecha en la región ya están enfrentando grandes desafíos, con baja popularidad y crisis económicas y de seguridad pública”.

Por otro lado, en el caso de Bolsonaro, le hablaba al mercado financiero y al agronegocio, y para esto buscó “presentar el proyecto de Milei como una experiencia exitosa, principalmente por la reducción de la inflación y los resultados de superávit fiscal, para implementar en su país. Sin embargo, los datos de la economía interna argentina —como el desempleo, el aumento de la pobreza, el cierre de fábricas y el deterioro de las condiciones de vida de la población— fueron rápidamente utilizados por la oposición progresista para alertar sobre los riesgos de ese proyecto”. Si bien este debate tuvo impacto en el proceso electoral, la investigadora sostiene que es difícil medir cuánto influyó en los resultados. Sin embargo, considera que “la comparación entre Lula y Milei ayudó a poner de relieve precisamente esas diferencias, mostrando lo que significan, en la práctica, los proyectos que defienden recortes en el gasto público, la reducción del papel del Estado y el alineamiento con los intereses de Estados Unidos. Este debate pudo haber contribuido a mostrar con mayor claridad los efectos negativos de los proyectos de la extrema derecha para la región, sobre todo al contrastar el modelo económico de Lula con el de Milei”.

Así cerró Lula su discurso el pasado 4 de octubre, pero no se resignó. “Soy bueno en el uno a uno”, dijo el presidente que nunca ganó en primera vuelta y se transformó en el político más votado de la historia de Brasil y el primero en dar vuelta un resultado desfavorable en un balotaje para emprender desde enero su cuarto mandato como presidente dos veces reelecto. Una virada épica, una remontada que en esta tempestad es, sin dudas, un acontecimiento histórico. Sin embargo, en esta gesta, Lula no estuvo solo. Fue abrazado por multitudes que deberán verse reflejadas en el gobierno Lula IV. Besen planteó que será fundamental, incluso, en próximas campañas ante un PT que viene perdiendo territorio elección tras elección: “La participación de las juventudes necesita encontrar espacio en las decisiones de gobierno y en las estrategias para disputar las próximas elecciones municipales. Los jóvenes demostraron capacidad de movilización y de cambiar de rumbo una campaña. Es necesario reconocer eso, también, a la hora de definir los rumbos políticos de las izquierdas en los próximos años”.

“Se trata de organización, convocatoria y pedagogía política”, dijo Fernandes, que propone que la izquierda brasileña y el campo popular democrático se declaren en estado de “movilización permanente”, una práctica que el PT dejó de lado en los últimos años, para pasar a incluir a toda la población y no solo a militantes e intelectuales. La premisa, a su entender, es “hablar de política siempre” y ser “visiblemente contra la extrema derecha siempre y no solo en momento de elecciones”, educar y ayudar a las personas a identificar la desinformación, son las claves que aportó. Lula, que parece un ave fénix que no deja de reinventarse en cada paso que da en la vida, pareciera haber escuchado y ante una Avenida Paulista colmada se comprometió a hablarles directamente, sin la intermediación de la prensa tradicional, a hacer “el mejor gobierno de la historia”. Con la voz con carraspera, cerca de la medianoche y subido a un camión sin techo, el ex líder metalúrgico sin título universitario cuatro veces electo presidente, agradeció y con una mano en el corazón, reconoció: “Esta victoria es de ustedes”.

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