MacArthur 2026: cómo el cerebro USA la memoria para imaginar el pasado
El 3 de octubre de 2026, el filósofo y científico cognitivo Felipe De Brigard recibió una llamada telefónica que cambiaría su vida. La persona al otro lado le preguntó si estaba en un lugar privado para conversar. De Brigard, que se encontraba en un retiro laboral rodeado de colegas, excusó diciendo que necesitaba hablar de sus impuestos. Para su sorpresa, era la Fundación MacArthur notificándole que había sido galardonado con la prestigiosa beca “genius grant”, un apoyo de 800,000 dólares sin condiciones. “Me quedé sin palabras. Tuve que recomponerme y volver a entrar como si nada hubiera pasado”, relata De Brigard, profesor de la Universidad de Duke y originario de Bogotá, Colombia. Es el segundo filósofo en recibir esta beca en los últimos 30 años.
Pero De Brigard sería el primero en advertir que su recuerdo de ese día podría ser imperfecto. Como filósofo y científico cognitivo, estudia la falibilidad de la memoria. Explica que nuestro cerebro no funciona como una cámara digital que graba cada experiencia en un disco duro mental. Solo almacenamos fragmentos: gestos, historias, la esencia. Al recuperar esos recuerdos, el cerebro necesita llenar los vacíos. Su investigación muestra cuán entrelazada está la memoria con la imaginación. Usamos la misma maquinaria mental para reconstruir el pasado que para imaginar el futuro y lo que pudo haber sido.
El descubrimiento que unió memoria e imaginación
De Brigard se interesó por la memoria durante sus estudios de posgrado, en un momento de grandes hallazgos sobre la memoria episódica, nuestra capacidad de recordar experiencias específicas. En 2007, tres artículos científicos solidificaron una intuición del psicólogo Endel Tulving de los años ochenta: la capacidad de recordar el pasado también se necesita para pensar en el futuro. Tulving había documentado el caso de un paciente con amnesia hipocampal conocido como K.C. Cuando se le pedía recordar un evento de su vida, no podía. Si se le pedía imaginar qué haría en Navidad, también fallaba. No es que su imaginación estuviera completamente rota, pero los eventos de su trayectoria personal, pasados o futuros, estaban deteriorados. Estos estudios confirmaron que el hipocampo y la red de recolección episódica se activan al pensar en futuros posibles.
De Brigard se preguntó entonces: si recordar el pasado es asimétrico respecto a imaginar el futuro, ¿qué pasa con lo que pudo haber sido? Comenzó a investigar si los mismos mecanismos se requieren para pensar no solo en lo que ocurrió, sino en lo que podría haber ocurrido. Llama a esto pensamiento episódico “contrafactual”, porque es contrario a los hechos. Sus experimentos revelaron que el hipocampo es necesario para imaginar posibilidades que nos conciernen personalmente.
¿Por qué evolucionó esta conexión?
Hay dos razones principales. Primero, no podemos almacenar cada detalle de cada experiencia. El cerebro necesita atajos computacionales al recordar. Al llenar los vacíos en el momento de la recuperación con la posibilidad más probable, el sistema de memoria es más rápido, flexible y oportuno. Segundo, queremos que la memoria y la imaginación de posibilidades estén altamente conectadas. Como decía el filósofo Karl Popper, generamos hipótesis para que mueran en nuestro lugar. Imaginamos formas alternativas en que los eventos pasados pudieron haber ocurrido o podrían ocurrir en el futuro para anticipar la incertidumbre. Si estas simulaciones mentales están ligadas a la memoria, podemos almacenarlas.
Esta conexión explica por qué la ficción que explora realidades alternativas, como la novela El hombre en el castillo o la película Sliding Doors, resuena tanto. De Brigard sostiene que la ficción es importante porque permite habitar esas posibilidades y aprender de ellas. Incluso habla de “las demandas morales de la imaginación”. Por ejemplo, en un jurado, se nos pide imaginar lo que el acusado pudo haber hecho en lugar de lo que hizo. Si el acusado comparte experiencias similares a las nuestras, podemos generar esa simulación mental con más facilidad. Si no, la mejor alternativa es leer sobre ello.
El cerebro como computadora: ¿metáfora útil o realidad?
De Brigard ha reflexionado sobre la analogía del cerebro como computadora. Hace veinte años estaba convencido de que las neuronas computaban como microchips biológicos y que podíamos reverse engineer la mente. Sin embargo, la filósofa Mazviita Chirimuuta, en su libro The Brain Abstracted, lo hizo reconsiderar. Aunque los modelos computacionales son extremadamente útiles para explicar la recuperación de memoria, no está seguro de que capturen lo que realmente hacen las neuronas. No cree que las neuronas sean lo único que importa para la cognición, y el debate sigue abierto. Muchos de estos modelos inspiran los sistemas de inteligencia artificial actuales.
Sobre la conciencia en la IA, De Brigard se muestra más preocupado por la agencia que por la conciencia. En el mundo, agencia y conciencia suelen estar correlacionadas, pero son separables. Muchos sistemas de IA parecen exhibir algo similar a la agencia, y eso requerirá regulaciones y formas de interacción desafiantes. “Si son conscientes o no es un poco irrelevante para las decisiones urgentes que debemos tomar sobre su agencia”, afirma. Para ilustrarlo, compara con la tauromaquia: aunque descubriéramos que los toros no sienten dolor, el espectáculo no sería menos monstruoso. Separar conciencia y subjetividad de la agencia es un ejercicio necesario para entender qué hacer con las IA que se vuelven agentes.
Memoria y perdón en el posconflicto colombiano
De Brigard trabaja en un proyecto de investigación sobre memoria y perdón con víctimas de violencia política en Colombia, tras el acuerdo de paz de hace diez años. La evidencia apoya lo que llaman la “cuenta del desvanecimiento emocional”: perdonar ayuda a modificar las reacciones emocionales hacia los recuerdos de agravios, sin necesariamente olvidar los detalles. Esto es crucial en el contexto posconflicto, donde no se quiere olvidar lo sucedido. El perdón no implica olvido, sino una reevaluación emocional del recuerdo original. Con los fondos de la beca MacArthur, planea continuar esta investigación y explorar estrategias de reevaluación emocional para acercar a las personas al perdón y la reconciliación. También estudia el hipocampo y cómo integra espacio y tiempo.
De Brigard aclara que el perdón no es siempre bueno. Es una estrategia eficiente para regular emociones y actitudes reactivas hacia quienes cometieron agravios. En regiones como Montes de María, donde trabaja, muchos perpetradores regresan a vivir en las mismas comunidades que victimizaron. Explorar formas de calmar las emociones es vital. El perdón es una vía, pero no la única ni obligatoria. Hay ofensas imperdonables. La ciencia del perdón se ha explorado más en terapia de pareja, con técnicas como REACH de Everett Worthington. Pero perdonar a un esposo no es lo mismo que perdonar al comandante paramilitar que mató a un hermano. En el posconflicto colombiano, el perdón podría ser una relación de tres partes que incluye a la comunidad, según sus coinvestigadores Pablo Abitbol y Santiago Amaya. La investigación continúa para entender si el perdón tiene diferentes conceptos según la relación.
La historia de De Brigard y su investigación nos recuerda que la memoria no es un archivo estático, sino una reconstrucción activa donde la imaginación juega un papel central. Desde la filosofía y la ciencia cognitiva, ilumina cómo nos relacionamos con el pasado, el futuro y la posibilidad de sanar.
