Creer o no en las mujeres define más que los casos de acoso

Creer o no en las mujeres define más que los casos de acoso

Casi una década después del auge del movimiento #MeToo, las conversaciones públicas sobre acoso y agresión sexual están cambiando. Una ola de denuncias públicas marcó los primeros años de #MeToo: las mujeres compartieron experiencias de acoso y agresión que habían sido ignoradas. Las poderosas instituciones prometieron cambios y se implementaron nuevas políticas bipartidistas. Muchos creyeron que la sociedad entraba en una nueva era de rendición de cuentas. Hoy, la conversación ha cambiado. Los casos de alto perfil que alguna vez simbolizaron el progreso se han convertido en temas de debate renovado, con algunas condenas revocadas. La atención pública al tema sigue siendo alta, especialmente cuando las denuncias involucran a personas en sectores de alto perfil como la política y el entretenimiento, pero también lo es el escepticismo, y los comentaristas describen cada vez más este momento como una era ‘post-MeToo’. Nuestros datos, publicados en la Encuesta de Experiencias de Violencia 2025 del Instituto Newcomb de la Universidad de Tulane, sugieren que este escepticismo está generalizado: en un nivel, estos hallazgos reflejan actitudes públicas hacia la violencia sexual. En otro, plantean preguntas más amplias sobre la credibilidad de las mujeres. Este escepticismo hacia los informes de las mujeres sobre acoso y agresión no está aislado; nuestros datos muestran que está conectado con otras actitudes sobre las mujeres, incluida su capacidad para ser líderes políticas y económicas. Las personas que son más escépticas de los informes de violencia sexual contra las mujeres también son más propensas a creer que los hombres son mejores líderes que las mujeres, y son menos propensas a creer en el valor del acceso al aborto para la salud de las mujeres. Esto es importante porque creer en las mujeres—y creer en las mujeres—afecta si las mujeres se presentan a denunciar violencia sexual. En Luisiana, solo alrededor del 3 por ciento de las mujeres que experimentaron violencia sexual en el último año lo reportaron a las autoridades. Las actitudes públicas ayudan a dar forma a estas decisiones. Las mujeres a menudo permanecen en silencio sobre el acoso y la violencia porque temen represalias, daños a sus carreras, tensión en sus familias, escrutinio público o simplemente el costo emocional de presentarse. Cuando las personas esperan escepticismo, pueden decidir que el costo de denunciar supera los beneficios. En última instancia, este es un problema de credibilidad de las mujeres. Las mismas actitudes que ponen en duda los informes de las mujeres sobre acoso y agresión también están vinculadas a dudas sobre el liderazgo de las mujeres y su autoridad en temas que afectan su propia salud. La pregunta no es solo si creemos a las mujeres cuando denuncian daños, sino si confiamos en las mujeres para liderar y decidir qué es mejor para su salud y seguridad.

La conexión entre credibilidad y liderazgo

Los datos de la encuesta revelan una correlación preocupante: el escepticismo hacia las denuncias de violencia sexual no es un fenómeno aislado, sino que forma parte de un patrón más amplio de desconfianza hacia las mujeres en roles de liderazgo. Aquellos que dudan de las acusaciones de acoso también tienden a cuestionar la capacidad de las mujeres para gobernar o dirigir empresas. Esta actitud socava no solo los casos individuales, sino también el avance de la equidad de género en todos los ámbitos.

El impacto en la denuncia

El miedo al escepticismo tiene un efecto disuasorio directo. Las mujeres que han sufrido violencia sexual a menudo no denuncian por temor a no ser creídas, a represalias o a un proceso que las revictimice. La baja tasa de denuncia en Luisiana (3%) es un reflejo de esta realidad. Cuando la sociedad no cree a las mujeres, se perpetúa un ciclo de silencio e impunidad.

Más allá del acoso: la confianza en las mujeres

Este escepticismo también se extiende a otros aspectos de la vida pública, como la salud reproductiva. La encuesta encontró que quienes dudan de las denuncias de acoso también son menos propensos a apoyar el acceso al aborto. Esto sugiere que la credibilidad de las mujeres está en juego en múltiples frentes: su voz en casos de violencia, su capacidad de liderazgo y su autonomía sobre su propio cuerpo.

Un llamado a la acción

Es urgente revertir esta tendencia. Creer en las mujeres no solo es un acto de justicia individual, sino un pilar para una sociedad más equitativa. Las instituciones, los medios y la ciudadanía deben promover una cultura de confianza y apoyo. Solo así las mujeres podrán denunciar sin miedo, liderar sin obstáculos y decidir sobre su salud con libertad.

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