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domingo, 1 de noviembre de 2026
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Cuidar en comunidad: resistencia femenina en Latinoamérica

Las redes comunitarias de cuidado sostienen la vida en América Latina. Mujeres organizadas enfrentan la crisis y exigen reconocimiento estatal.

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Cortesía
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En un continente marcado por la desigualdad y la escasa cobertura estatal, los cuidados comunitarios emergen como una práctica cotidiana que sostiene la vida y desafía el individualismo. Un reciente ciclo de diálogos virtuales, organizado por la Asociación Lola Mora (ALM) y la Red de Género y Comercio, reunió a más de 40 integrantes de organizaciones sociales, investigadoras y representantes de gobiernos de 14 países para intercambiar experiencias y trazar una agenda regional de cuidados comunitarios.

¿Qué son los cuidados comunitarios?

Se trata de acciones colectivas que surgen desde las bases para atender las necesidades de cuidado en los territorios: alimentación, salud, acompañamiento, cuidado del entorno, entre muchas otras. A diferencia de los cuidados familiares o privados, estas prácticas son organizadas por la propia comunidad, muchas veces ante la ausencia del Estado. “Son una forma de resistencia al neoliberalismo, a la mercantilización, al individualismo y a la violencia”, coinciden las participantes.

En América Latina, una de las regiones más desiguales del mundo, los cuidados recaen mayoritariamente en las familias y, dentro de ellas, en las mujeres. Ante la falta de servicios públicos, las comunidades activan redes de apoyo que permiten la supervivencia y la reproducción de la vida. Norma Sanchís, directora de ALM, explica: “Trabajamos sobre aquellas experiencias de acción colaborativa que surgen desde las bases por iniciativa de la propia comunidad”.

Una contradicción de género

Si bien los cuidados comunitarios desprivatizan el cuidado y democratizan el acceso a servicios para sectores populares, también reproducen estereotipos de género: más del 80% de las personas trabajadoras son mujeres, y muchas veces lo hacen sin remuneración o con ingresos precarios. Esta tensión es central para los feminismos, que buscan visibilizar y valorar el trabajo de cuidado, al tiempo que denuncian su feminización y precarización.

Claudia “La Negra” Albornoz, de la organización La Poderosa, relata que tras la muerte de una compañera en un comedor durante la pandemia, comprendieron que realizaban una triple jornada: trabajo informal, cuidados no remunerados en el hogar y trabajo comunitario. Un estudio de su observatorio reveló que las cuidadoras comunitarias dedican en promedio 5 horas diarias a tareas comunitarias, además de las horas en sus casas y en el mercado laboral. Por eso impulsaron un proyecto de ley de salario para cocineras comunitarias.

Resistencias frente a la crisis

Los cuidados comunitarios también son una respuesta a crisis multidimensionales. En Colombia, el Sistema Nacional de Cuidados, creado durante el gobierno de Gustavo Petro, reconoció por primera vez el cuidado comunitario y destinó recursos a organizaciones de mujeres en territorios de conflicto armado. Sin embargo, hoy el programa está desfinanciado. En Brasil, la Política Nacional de Cuidados aprobada en diciembre de 2024 incluye un programa de cocinas solidarias. En Chile, el sistema “Chile Cuida”, aprobado en enero de 2026, establece un registro de personas cuidadoras, aunque sin financiamiento garantizado.

El avance de las derechas en la región ha significado retrocesos. En Argentina, el gobierno de Javier Milei eliminó 48 de las 50 políticas de cuidado existentes, según el informe “La cocina de los cuidados”. Se dejó de proveer alimentos a comedores, se persiguió a organizaciones sociales y se eliminó el Salario Social Complementario del programa Potenciar Trabajo, un ingreso clave para muchas trabajadoras comunitarias.

“No queremos reemplazar al Estado”, aclara Norma Morales, de Barrios de Pie. “Queremos un Estado presente, que reconozca la organización comunitaria, destine recursos y garantice políticas con continuidad”. Morales fue elegida secretaria adjunta de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y participó en la 113ª reunión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en junio de 2025.

Cuidar el ambiente, cuidar la vida

Las organizaciones comunitarias también enfrentan conflictos ambientales. Graciela Rodríguez, del Instituto Eqüit de Brasil, señala que “la crisis de los cuidados y la ambiental están interrelacionadas”. Las mujeres están en la primera línea de las luchas por los bienes comunes: tierra, agua, semillas criollas, y contra los venenos agrícolas. Un estudio de Eqüit sobre las inundaciones en Río Grande do Sul en 2024 reveló que las mujeres se organizaron colectivamente para enfrentar la tragedia y sufrieron mayores impactos en sus trabajos y formas de vida.

En México, la Colectiva Mujeres Mexiquenses Unidas por Ecatepec (MMUE) recuperó un terreno abandonado y lo transformó en un espacio comunitario cuidado por las vecinas. Ahora trabajan en un proyecto de provisión de agua ante la escasez. “El cuidar en comunidad también implica procurar que existan estas condiciones de bienestar ambiental”, dice Michel López Beltrán.

Hacia una agenda regional

El ciclo de diálogos “Cuidar en Comunidad en América Latina” permitió constatar que, más allá de las diferencias, existe una base común: los cuidados comunitarios son una forma específica de organización social del cuidado, no una extensión informal de las políticas públicas. “Los Estados no pueden producir cuidados comunitarios, pero sí pueden reconocerlos, participar, producir conocimiento y desarrollar nuevos arreglos institucionales público-comunitarios”, propone Georgia Nicolau, del Instituto Procomum de Brasil.

El autorreconocimiento como trabajadoras es un paso fundamental. Norma Morales llama a “la erotización de los cuidados”: recuperar el deseo, la alegría, el descanso y el tiempo propio. “El amor no reemplaza un salario y la solidaridad no puede justificar la precarización”, sentencia.

Las experiencias compartidas confirman que, allí donde una vaya, encontrará mujeres cuidando en comunidad. Situaciones y problemas semejantes permiten entender que se trata de una cuestión política y debe ser afrontada como tal. La articulación regional amplía las geografías y toma conciencia del rol social y la potencia transformadora de los cuidados comunitarios.