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domingo, 8 de noviembre de 2026
Ciencia

Europa no era un bosque denso: el hallazgo que cambia la conservación

Un estudio revela que Europa fue un mosaico de bosques abiertos y praderas por 20 millones de años. Reforestar con bosques densos podría dañar la biodiversidad.

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Cortesía
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Un equipo internacional de científicos ha descubierto que, durante más de 20 millones de años, Europa no estuvo cubierta por los densos bosques que durante mucho tiempo se consideraron su estado natural. En cambio, el paisaje europeo estaba dominado por bosques abiertos, praderas coloridas y grandes animales de pastoreo. Este hallazgo, basado en el análisis de polen fósil y otros indicadores paleoecológicos, obliga a repensar las estrategias modernas de reforestación y conservación.

El mito del bosque denso

La imagen de una Europa primigenia cubierta por un manto forestal continuo ha sido durante décadas el ideal de conservación. Sin embargo, la nueva investigación sugiere que ese paisaje nunca existió tal como lo imaginamos. Los datos indican que, desde el Mioceno temprano hasta hace relativamente poco, el continente europeo albergó un mosaico de hábitats: bosques poco densos, claros soleados, praderas ricas en flores y extensas zonas de pastoreo mantenidas por grandes herbívoros como caballos, bisontes y ciervos.

Este paisaje abierto no solo era común, sino que persistió durante más de 20 millones de años, mucho antes de la llegada de los humanos. La idea de un bosque cerrado y continuo como estado de referencia es, según los autores, una construcción reciente que ha influido en las políticas de reforestación y en la percepción pública de la naturaleza.

Evidencia científica: polen, carbón y dientes fósiles

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron registros de polen fósil, que revelan la composición de la vegetación a lo largo del tiempo. También estudiaron la presencia de carbón vegetal, indicativo de incendios naturales que mantenían abiertos los ecosistemas, y examinaron fósiles de grandes mamíferos. La combinación de estas pruebas pinta un cuadro coherente: un paisaje dinámico, moldeado por el clima y por los animales, en el que los árboles no formaban barreras impenetrables.

Los hallazgos se suman a un creciente cuerpo de evidencia que cuestiona la visión tradicional de los bosques europeos como ecosistemas cerrados y estables. En lugar de ello, los científicos hablan de un “paisaje en mosaico” que favorecía una biodiversidad mucho mayor que la de un bosque denso.

Implicaciones para la reforestación

El descubrimiento tiene consecuencias directas para las políticas actuales de reforestación. Muchos proyectos de conservación en Europa y otras regiones se basan en la plantación masiva de árboles para restaurar lo que se considera el bosque original. Sin embargo, si el estado natural de Europa era un mosaico abierto, estas plantaciones podrían reducir la biodiversidad en lugar de protegerla.

Los bosques densos tienden a tener un sotobosque pobre en luz, lo que limita la diversidad de plantas herbáceas y de insectos asociados. Las praderas y los claros, en cambio, albergan una rica variedad de especies que dependen de la luz solar directa. Al convertir estos hábitats en bosques cerrados, se corre el riesgo de perder especies adaptadas a los espacios abiertos.

Además, los grandes herbívoros jugaban un papel clave en el mantenimiento de estos ecosistemas. Sin ellos, las praderas se cubrirían de arbustos y árboles, perdiendo su carácter abierto. Por ello, algunos expertos abogan por reintroducir grandes mamíferos como parte de las estrategias de conservación.

Un cambio de paradigma en la conservación

Este estudio se alinea con otras investigaciones recientes que proponen repensar la conservación desde una perspectiva histórica más profunda. No se trata de idealizar un pasado remoto, sino de entender que los ecosistemas son dinámicos y que la mejor estrategia puede ser imitar los procesos naturales que los mantenían diversos.

En lugar de plantar árboles de forma indiscriminada, los científicos sugieren diseñar paisajes que incluyan bosques abiertos, praderas y zonas de pastoreo. Esto no solo beneficiaría a la biodiversidad, sino que también podría mejorar la resiliencia frente al cambio climático.

La idea de que Europa fue un bosque continuo ha moldeado durante mucho tiempo la imaginación colectiva y las políticas ambientales. Ahora, la ciencia nos invita a mirar atrás con nuevos ojos y a reconsiderar lo que significa restaurar la naturaleza.

Reacciones y próximos pasos

Los autores del estudio hacen un llamado a los responsables de políticas y a los gestores ambientales para que revisen las prácticas de reforestación a la luz de esta nueva evidencia. Algunas organizaciones conservacionistas ya han mostrado interés en adaptar sus enfoques, aunque el debate está lejos de cerrarse.

Mientras tanto, la investigación continúa. Los científicos planean estudiar más regiones y refinar los modelos sobre cómo los grandes herbívoros y los regímenes de incendios moldearon el paisaje europeo. Comprender ese pasado puede ser la clave para un futuro más biodiverso.